Escuela de Valparaíso acoge a niños de origen huichol

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En la comunidad El Ranchito del Tanque, de Valparaíso, Zacatecas, asentada en las faldas de la Sierra Madre Occidental, se encuentra la Escuela Primaria Niños Héroes, un punto de referencia que en sus aulas acoge y da vida a la mística del mundo wixárika.
Para llegar a ella, se debe dejar llevar por el sonido que produce el agua al chocar con las rocas del río Valparaíso, descifrar un pequeño laberinto de caminos de terracería, guiarse por el grito de las águilas y detectar la zona en la que se conjugan en un solo escenario las casas de adobe y los sembradíos de maíz.

Desde hace 20 años, esa escuela ha dado la oportunidad de que se formen académicamente niños huicholes que han emigrado de la serranía de Huejuquilla El Alto, Jalisco, en busca de oportunidades para tener una mejor calidad de vida.

En tiempos de Tata Lázaro

Dos mochetas de muro de piedra sobre las que ha sido cimentada una malla de metal y los vestigios de frondosos árboles que resaltan en sus áreas verdes son fieles testigos del nacimiento de esta primaria en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940).

En 2000, el rostro de este plantel evidenciaba ser producto de la reforma educativa impulsada por Tata Lázaro, misma que incrementó el número de escuelas rurales: dos aulas de muros de adobe techadas con láminas desgastadas, pocas y deterioradas butacas de madera y un viejo pizarrón verde era lo que los niños conocían como escuela.

Ahora, el plantel es otro, no sólo porque ha renovado sus aulas y mobiliario o porque ajustó sus contenidos temáticos a los planes y programas de estudio vigentes, sino porque desde la década de los años 90 del siglo anterior le abrió sus puertas a niños wixárikas.
Producto de la migración regional interestatal, familias de huicholes arribaron a Ranchito del Tanque, Valparaíso, provenientes de comunidades de muy alta marginación de Huejuquilla El Alto y Mezquitic, Jalisco, ubicadas en el seno de la Sierra Madre Occidental.

Además de descubrir en esta zona geográfica un medio de subsistencia en la venta de artesanías elaboradas por ellos mismos, los hombres y mujeres wixárikas encontraron en la primaria rural Niños Héroes una oportunidad de formación para sus descendientes.

Juegan ajedrez y aprenden inglés

El frío del otoño ya se deja sentir con más intensidad a diferencia de otros años. Sobre una mesa circular de concreto, bajo una palapa de techo de dos aguas, una partida de ajedrez es disputada por dos alumnos y observada por otros seis.
La plena integración a este plantel de los descendientes wixárikas permite que en este ciclo escolar, 10 niños huicholes, quienes conforman 25 por ciento de la población estudiantil, practiquen ajedrez y aprendan el idioma inglés.
Mónica Carrillo Castañeda, directora y docente de la escuela Niños Héroes, refirió que los alumnos wixárikas son muy talentosos, además de que se les da con facilidad el razonamiento lógico-deductivo en matemáticas y el aprendizaje de la lengua extranjera.

“Ha sido fundamental el apoyo que tenemos de nuestras autoridades educativas, quienes nos han invitado a trabajar de una forma diferente en la educación para estimular el talento y las habilidades de los estudiantes”, explicó.

Entre los logros de la comunidad escolar huichola destaca Cristina, quien recibió en 2015 la beca estatal Alumnos Lectores y Escritores; en 2014, Efrén fue uno de los mejores estudiantes a nivel nacional en la prueba Planea; Sauleme obtuvo este año el tercer lugar estatal en el concurso El Niño y la Mar, mientras que Fernando consiguió el sitio de honor en este concurso en 2010.

La directora de la escuela expuso que los pequeños también tienen la habilidad de elaborar aretes, collares y pulseras de chaquira; en atletismo son sagaces, incluso hay algunos que saben tocar instrumentos musicales.

El lado derecho

Su nombre es Tseriakame, que en wixárika significa “el lado derecho”, pero todos lo conocen como don Polo. Llegó a Valparaíso en 1990, procedente de la comunidad Santa Cruz, con miras a mejorar su calidad de vida.

En Ranchito del Tanque es considerada una persona de mucho respeto, no sólo porque está por cumplir 60 años, sino también porque es un músico talentoso que sabe tocar la guitarra, la vihuela y, además, entona canciones y corridos wixárikas.

Su hija más pequeña tiene 10 años y cursa el quinto grado de primaria. Se llama Yulama, que significa “cuando retoñan los árboles”. Ya sabe hablar inglés, tiene un nivel de dominio básico, pero Tseriokame la apoya para que logre hablarlo de forma más fluida.

Se frota las manos por el frío que se siente y, mientras su mirada se pierde entre reflexiones, expresa: “a Yulama le gusta mucho ayudar a la gente… Yo espero que la vida me alcance para verla convertida en una enfermera y, si se puede, en una doctora”.
Constancia y disciplina

Constancia y disciplina, dos elementos que han acompañado ancestralmente a la cultura wixárika, van de la mano con el aprendizaje escolar de niños huicholes, consideró Marco Antonio Córdova, antropólogo social.

A diferencia de la metodología de enseñanza-aprendizaje que se utiliza con los niños mestizos (los de ciudad), el infante wixárika aprende a través de la experiencia que adquiere y de la exploración del mundo, precisó.

“Las matemáticas las aprende al vivirlas. Por ejemplo, cuenta las bolitas de chaquira que debe llevar una pulsera, la cantidad de mazorcas que debe desgranar, calcula la porción de alimento que le debe dar a una vaca o una gallina”, explicó el antropólogo.

Es una experiencia social agradable y antropológicamente destacable que esa primaria de Valparaíso atienda población infantil wixárika, sobre todo porque les permite nutrir y diversificar el entorno escolar, destacó Marco Antonio Córdova.

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