En los últimos diez años en el país se cuentan más de 33 mil 993 desaparecidos. En Zacatecas, hasta el cierre de 2017 sumaron 466 personas de quienes no se supo más, de acuerdo con datos del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED).

Estas cifras se reflejan en rostros replicados en decenas de grupos de redes sociales, donde familiares, amigos y conocidos buscan una pista, una señal.

Estos medios, en particular Facebook, se convirtieron en la mejor forma de difundir y para muchos representan quizá la única esperanza para obtener información de aquellos que no están más, de los que se desconoce siquiera si siguen con vida.

Al ubicarse sólo por debajo de Siria, el número de desaparecidos en México es de los más altos a nivel internacional, considerando que no se tiene catalogado al país como uno en el que se viva un conflicto armado.

La estadística supera incluso los 30 mil casos registrados durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, donde se vivió un conflicto político social; en contraste, en México se trata de desapariciones en su mayoría vinculadas al crimen organizado.

Seguir sus huellas

A nivel nacional, surgió en Facebook en 2013 el colectivo Huellas de la Memoria, dedicado a registrar las historias de personas y los procesos de búsqueda y lucha de sus familiares en México y América Latina.

La estrategia de este grupo es plasmar en suelas de zapatos que fueron usados por familiares de personas desaparecidas un mensaje a través de la técnica de grabado, en forma de relato que nombre a la persona desaparecida, con el día y lugar de la desaparición y denuncia contra los responsables, además de compartir mensajes de amor y esperanza.

La impresión del grabado se hace en tres colores distintos: verde para las personas que continúan desaparecidas, con la esperanza de encontrarles con vida; negro para quienes han sido localizadas muertas y su identificación ha sido plena, y rojo para los familiares que han sido asesinados durante el proceso de denuncia y exigencia de justicia.

A la fecha, esta agrupación ha recibido 170 pares de zapatos de distintas geografías y épocas, desde el terrorismo de Estado de finales de los 60, la violencia política de los 90, hasta llegar a la de carácter más social y masivo incrementado en 2006.

Una ventana de esperanza

Cientos de imágenes en muros de Facebook reflejan las ausencias y en Zacatecas ya se conformaron grupos como los que gestaron ahora reconocidas asociaciones dedicadas a la búsqueda de personas en toda la República, que nacieron en estados de los más golpeados por la violencia, como Coahuila y Veracruz.

En el estado, se ha dado incluso la regionalización de esta labor. Entre las páginas locales destacan las dedicadas exclusivamente a la zona de El Mineral, uno de los municipios con mayores índices de delincuencia en la entidad.

“Nuestros Desaparecidos En Fresnillo y Todo Zacatecas” es uno de ellos, donde los rostros de hombres y mujeres aparecen con textos de súplicas para que se ayude a compartir con la única esperanza de reencontrarlos.

Tal es el caso de Renata Olvera Mendoza, quien desapareció el 9 de enero de este año, y que, pese al empeño de su familia, no ha sido localizada desde entonces.

Otros de estos grupos son “PERSONAS DESPARECIDAS EN FRESNILLO ZACATECAS Y SUS ALREDEDORES” y “PAGINA OFICIAL BUSCANDO DESAPARECIDOS EN FRESNILLO ZACATECAS”.

Un esfuerzo a nivel estatal se concentra en “familias unidas en busca de una esperanza zacatecas”, agrupación que incluso ha dado saltos a la escena nacional al exigir, junto a decenas de otras organizaciones, que se les incluya en las acciones gubernamentales para atender este problema, como la Ley de Desapariciones y la Comisión Nacional de Búsqueda.

Más de 50 colectivos de éstos se han unido en el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, en el que aparecen representados afectados de más de 18 estados de la República.

En Zacatecas, las asociaciones permanecen en el hermetismo. NTR intentó en distintas ocasiones contactar a quienes dirigen estos grupos de redes sociales en Zacatecas, pero no hubo respuesta favorable.

Ajustarse al protocolo

El ahora fiscal general de Justicia del estado, Francisco Murillo Ruiseco, explicó que son varios los protocolos que se siguen para lograr la localización de personas de las que se ha perdido el rastro; uno de los principales es investigar si se trata de un secuestro, sustracción de menores de edad o desaparición forzada, entre otros.

Mencionó que, en el caso del secuestro, éste es un delito que se presenta cuando se pide un rescate y no es considerada una desaparición porque se tiene conocimiento de dónde se encuentra la persona.

Otro es cuando la persona es sustraída por algún familiar; este tipo de situación se presenta sobre todo cuando hay una separación de los padres, lo que provoca una investigación derivada de una denuncia. Aquí se sigue el protocolo de desaparición.

En este caso se boletina para saber dónde se encuentra el afectado y posiblemente localizarlo en otro estado de la República, incluso en el extranjero. Asimismo, cuando se trata de menores de edad, se activa la Alerta Amber.

Murillo Ruiseco agregó que otra vertiente es la desaparición forzada, que corresponde a “cuando alguna autoridad tuvo participación en la desaparición de una persona”.

También está la clasificación de los “no localizados”, es decir que se descartan las situaciones antes mencionadas y “entonces las personas simplemente desaparecen”.

El fiscal general expuso que para apoyar a las personas que buscan a un desaparecido, “primero tienen que conocer las características del hecho y con base a la información se decide qué protocolo se debe seguir”.

Informó que la procuraduría cuenta con un grupo especializado para atender estos casos, integrado por dos agentes del ministerio público capacitados para ese tema, un grupo de policía de investigación y las bases de datos donde llevan el registro y control de la información.

La estadística la trabajan en conjunto con las comisiones estatal y nacional de Derechos Humanos (CDHEZ y CNDH) para establecer, a nivel nacional las cifras reales que se tienen en el país.

Duelo eterno

“La reacción ante la desaparición forzada suele definirse como duelo, proceso en el cual los familiares no sólo enfrentan una serie de etapas, como lo sería ante una muerte natural”, afirmó la psicología jurídica Carolina Gutiérrez de Piñeres.

Expuso que el dolor de los implicados se agrava por “la impunidad, el terror, el miedo, la mentira, la incertidumbre, el silencio, el olvido, el ocultamiento, la tortura y la violación de todo derecho humano, que rondan la desaparición y posible muerte de la víctima y que dificultan su recuperación”.

A decir de la especialista en un proceso de duelo normal se habla entonces de un estado inicial de negación, adormecimiento que comúnmente nos prepara para la realidad de la muerte.

Advirtió que “la desaparición es en sí una negación acompañada de una incertidumbre dolorosa que se prolongará más allá del encuentro de un desaparecido vivo o muerto”, por lo que, “más que prepararnos para la realidad de una pérdida, este estado de choque nos enfrenta bruscamente a la realidad”.

La psicóloga colombiana indicó que las familias afectadas por la desaparición de uno de sus integrantes trascienden el concepto de duelo.

“Lo único en lo que se relacionan la muerte y la desaparición son el dolor, pero en la desaparición no hay un cuerpo, no hay un nombre, no hay una tumba, no hubo misa ni funeral, no hay certidumbre”, argumentó.

Finalmente, Gutiérrez de Piñeres expuso que, tras la aceptación de una desaparición, de soportar tanto dolor, “la ironía o el arte se convierten en su forma de enfrentar una cruel realidad, es la manera de adaptarse, de aprender a vivir con el dolor, con la piedra en el zapato”.

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