Hacienda de Ameca

Como ya se adelantaron algunos datos, se puede decir que esta propiedad tiene su origen en las personas de José Vázquez Borrego y José Cayetano Pérez de Huízar. Ambos compraron por el año de 1715, cada uno, la cantidad de 5.5 sitios de ganado mayor. Hacia el año de 1723, la vendieron a Fernando de la Campa y Cos en la cantidad de 23, 000 pesos. La venta se llevó a cabo en el presidio de Pasaje, perteneciente a Cuencamé en Durango.

Desde ese año formó parte de las propiedades de De la Campa. El año de 1738, no fue incluida en el mayorazgo que fundara a favor de su hija Ana María, sino que se quedó reservada para pagar los costos de la construcción del templo de Santo Domingo en Sombrerete. Ese mismo año fue valuada en 14,000 pesos. Su característica económica fue la producción de caña de azúcar y la de ganado menor (cabras).

Como no fue vinculada al mayorazgo, se mantuvo en los bienes denominados “libres”. Y estando administrada, como su propiedad por Ana María de la Campa cuando estuvo casada con Miguel de Berrio y Saldívar, fue vinculada en la década de los noventa del siglo XVIII en un mayorazgo que fundó la condesa a favor de su nieta, hermana de Juan Nepomuceno,   de llamada María Guadalupe Moncada y Berrio de la Campa consiguiendo un título de nobleza para ella llamado Marquesa de San Román.

En esa situación se mantuvo hasta la década de los treinta del siglo XIX, cuando se desvinculó. Su administradora Josefa, hermana tanto de Guadalupe como de Juan Nepomuceno. Todavía el año de 1845, cuando Antonio López de Santa Anna solicitó un préstamo forzoso a los dueños tanto de fincas urbanas como rurales, aparecía como dueña.

A finales del siglo XIX, fue adquirida por la familia Mier, descendientes del conde de San Mateo por la vía de Mier y Campa, a través de la línea de Juan Antonio y Manuel de los mismos apellidos.
En la época de la revolución, quienes figuraban como propietarios eran dos  mujeres: Virginia y María Concepción Mier. Pero por el apoyo que dieron a los insurgentes, la propiedad fue intervenida por el gobierno encabezado por Pánfilo Natera, desincorporándolas entre 1916 y 1918 y perdonándolas de las contribuciones atrasadas.

Todavía el año de 1920, la extensión alcanzaba poco más de 22 mil hectáreas, lo cual sugiere que desde que fue propiedad de Fernando de la Campa y Cos, hasta la época agraria, su extensión se incrementó en más de 4 mil hectáreas.