Hacienda de San José de Llanetes

Esta propiedad se remonta a los años de 1705, un año posterior a la adjudicación de los 200 sitios de ganado mayor a favor de Fernando de la Campa y Cos, dada el 4 de  febrero de 1704. Con el deslinde de 1712, se fundaron varios ranchos alrededor de ésta. Uno de ellos fue San Antonio y Tortugas.

Por el año de de 1732, al igual que la de San Agustín, se convirtió en herencia para otra de las hijas del primer matrimonio de Fernando. Su nombre era Juliana Francisca, y en calidad de donación por hijuela materna se efectuó el año citado.

El esposo de Juliana Francisco fue un Oidor de la Real Audiencia de la Nueva España, Juan de Olivan Rebolledo. Como la edad de éste era, por muchos tanto, mayor que la de su esposa, poco tiempo duró el matrimonio. Solamente lograron procrear a un hijo de nombre Francisco Laureano. Su destino fue dedicarse a la vida religiosa en la orden de los jesuitas, instituyendo a los filipenses como una variante de los primeros.

Por esa misma razón, no pudo administrar la hacienda. No obstante, a la muerte de Juan de Oliván Rebolledo, Juliana casó por segunda vez con José Díaz de la Campa, hijo de uno de los prominentes mineros de Zacatecas, Juan Alonso Díaz de la Campa, quien a su vez era sobrino del Conde Fernando de la Campa y Cos. Así, durante varios años, sin tener heredero alguno,  fue dueño y administrador de San José de Llanetes.

Hacia el año lustro de 1780-1785, quien administraba la hacienda y se decía dueño era Pablo de los Ríos. Pero sin saber cuándo sucedió, paró en manos de Los Martínez de Murguía, los mismos que habían comprado la hacienda de Abrego, propiedad de la misma Juliana Francisca de la Campa y Cos y de las haciendas de San Antonio de Padua y San Juan Capistrano.

Por falta de información se conoce el hecho de que hacia el año de 1795 fue comprada la hacienda a Los Martínez de Murguía por parte de Vicente Joaquín  Miranda, administrador y apoderado de Ana María de la Campa y Cos en el Condado de San Mateo.  Otros dicen que el dueño, en ese mismo año, fue Julián Pemartín, socio y trabajador de José de la Borda y compañero de  Marcelo José de Anza.

El caso es que para el año de 1816 murió Vicente Miranda siendo ya dueño de la hacienda. Su esposa se encargó de administrarla hasta que murió en la década del treinta del siglo XIX. Uno de sus hijos, el que quedó al frente de la propiedad fue José Manuel Miranda, casado con una mujer de apellido Chávez. Entre los dos tuvieron de hijos a Josefa, casada con Severo Cosío. Otra hija fue Petra Miranda quien tuvo sus nupcias con Remigio Zamora, uno de los solicitantes de las tierras de la hacienda de Valparaíso a través de la sociedad que formó con algunos vecinos y arrendatario de ella. La hacienda fue, por lo mismo, propiedad de ambos hermanos.

Mientras Petra casó con Remigio Zamora, José María lo hizo con una hermana de aquél de nombre Guadalupe Zamora. O sea dos hermanos Miranda con dos hermanos Zamora. Con ellos surgió toda una descendencia que se consolidó como los nuevos hacendados de Valparaíso durante la época porfirista.  Pues bien, estos hermanos de apellido Miranda quedaron como socios de la hacienda. Y no fue sino hasta el año de 1873 cuando se fraccionó dando origen a dos haciendas, la de San José de Llanetes que fue del varón y la de San Antonio de la Sauceda, en poder de la mujer.

Cabe hacer la aclaración que desde el siglo XVIII, por lo menos hasta el último cuarto, el nombre de la hacienda fue de San José de Llanetes. A partir de ese tiempo se usó más el de San Antonio de la Sauceda. Pero por la forma en que se utilizo el nombre, aun cuando existían asentamientos humanos con los nombres mencionados, se supone que la hacienda estaba situada en San Antonio dada la antigüedad de su construcción. Inclusive el estilo es propio del siglo XVIII y del carácter de Fernando de la Campa y Cos.

Desde el año de 1873,  cuando se dio el fraccionamiento, se comenzaron a erigir tanto fincas para la actividad económica como para el culto. De allí que la de San José, hasta bien entrado el siglo XX, todavía se le llamara “San José de la Sauceda”. Y su capilla fuera erigida y construida del 2 de marzo de 1874 hasta mayo de 1878. De igual manera, la de San Antonio de la Sauceda, sin perder su nombre con que se le conoció de antaño, se mantuviera. Pero la reconstrucción de su capilla se localiza del 20 de septiembre de 1878 hasta el 13 de junio de 1879.

Hacia el año de 1883, Guadalupe había dejado la hacienda y la vendió a un descendiente de franceses, Enrique Esteinú. Su padre era Pedro hermano de Juan Pedro. Ambos habían llegado cuando la invasión francesa. Y se habían dedicado al comercio de ropa. Se dijo que la hacienda había sido comprado por los Esteinú para subsidiar los negocios a los que se dedicaban los hermanos Pedro, Juan Pedro y José todos del mismo apellido, pero hacia el año de 1883, al dividirse los bienes, esa propiedad quedó en manos de Juan Pedro heredándola a su hijo Enrique.

Una vez instalado en la hacienda, Enrique casó con Emilia Abascal, con quien  procrearon, seis hijos: Ana María, Emilia, María Teresa, Constanza, José Enrique y Guillermo. Una vez muerto su padre, los siete miembros dela familia formaron una Asociación para explotar la hacienda. Al poco tiempo la madre de ellos casó con un sujeto de apellido Sánchez.  Hacia 1927e, Laredo, Texas, donde radicaban varias hijas como Ana María viuda de Damphover, Emilia de Miller, fue celebrada la sucesión testamentaria para acordar el prearto de la fracción correspondiente. En ella se decidió dividir la hacienda en doce partes. La mitad de ellas le fue asignada a la mamá por haber estado casado con Enrique Esteinú en el régimen de bienes mancomunados. Así, cada hijo fue acreedor de una cantidad de poco más de 1681 hectáreas, lo cual da la suma de poco más de 20172 has.

Una de las características de esta hacienda fue que allí no llegó la reforma agraria pues la mayoría de las tierras fueron vendidas en el régimen de pequeñas propiedades. Muchos de ellos provenientes de las Adjuntas del Refugio (como los Rojas con quienes surgió el rancho de a Hierba Buena). Cada uno de los herederos fue deshaciéndose de su fracción de la hacienda desde 1928 hasta 1932.