Hacienda de Valparaíso

La hacienda de Valparaíso desde su origen se denominó “estancia”. Dependió de Trujillo. Su fertilidad le mereció el nombre. Con el desmembramiento de la superficie total en 1712 se erige como hacienda. Su población se inició, formalmente, el año de 1602 cuando Diego de Mesa, administrador de los benes de Diego de Ibarra, solicitó una superficie de tierras en propiedad, “cerca de unos mezquites”. Se construyó un molino harinero, una presa y una huerta de frutas.

Con la compra que de esta hacienda en 1629, se procedió a reconstruir la infraestructura de antaño. Quien la administró desde 1640 hasta 1660 fue uno de los hijos de Juan Dozal Madriz de nombre Onofre. En ocasiones, de manera personal, la explotaba y en otras situaciones la rentaba por periodos largos poniendo como condición el cuidado de las construcciones, especialmente la acequia para los regadíos.

El año de 1689, por órdenes de un sacerdote radicado en Fresnillo llamado Gerónimo de Amézaga, se llevó a cabo un censo el cual reportó la cantidad de 275 individuos. De ellos solamente 50 eran españoles y el resto eran indios. En plena guerra chichimeca, dada la escasez de  mano de obra española, varios indios procedentes del Nayar bajaban a emplearse en la producción de granos.

Con la asignación como herencia a Isabel Dozal, en 1712, la hacienda fue trabajada por Santiago García de Rodallega su esposo. Sin embargo, la vida de este matrimonio fue efímera pues ambos, con la diferencia de un mes, murieron en 1715 dejando cuatro hijos de menor edad. Ellos fueron Bernardo, Antonia Teresa, José y Petronila, quienes fueron recogidos y educados en calidad de hijos por parte de Fernando de la Campa y Cos, administrándoles y explotando la hacienda de Valparaíso. Por el año de 1733, les compró la propiedad dándoles a cada uno la cantidad de 14 mil pesos.

Hacia el año de 1736, una de las hijas de Rodallega, Manuela de la Rosa se casó con Toribio de la Campa y Cos, sobrino de Fernando. Los méritos de aquel, respecto a su tío, fueron haber llevado a cabo todo el proceso judicial de reparto de los bienes que le correspondieron a la esposa del tío a las hijas de ambos en 1732. Por agradecimiento, Fernando le regaló a Toribio la hacienda de Valparaíso. Con esto la hacienda volvió a los Rodallega.

Con la administración de Toribio fue construida la finca y la capilla. Ello se demuestra con la placa de cantera labrada en la parte del arco situado arriba a la entrada del templo que dice: “Construida a devoción de don Toribio de la Campa, año de 1737”.
El asentamiento de la población, se ha dicho fue en forma de “L”, abarcaba desde el Arroyo del Gachupín hasta el de Atotonilco. Al occidente en una meseta es donde se situaba la mesa cubierta de mezquites, lugar que Diego de Mesa escogió para asentarse. Según documentos del Archivo del Arzobispado de Guadalajara, se sabe que la población en el año de 1741 era de 2,227 personas.

No duró mucho el enlace matrimonial de Toribio y Manuela de la Rosa, puesto que el esposo murió a los pocos años. Manuela de la Rosa casó nuevamente, pero con uno de los prominentes mineros de Zacatecas: Tomás de Aristoarena y Lanz convirtiéndose en poseedor. Dada su actividad, Tomás se endeudó con Joseph Joaristi para financiar sus actividades mineras, pero los altibajos lo obligaron a caer en la bancarrota y terminó vendiendo la Valparaíso a Pedro de Aristoarena entre 1774 y 1777 quien a su vez, la cedió a su hijo Francisco Xavier , Conde de Casafiel.

Entre 1785 y 1786 la hacienda ya era propiedad de Marcelo José de Anza, rico minero y socio de José de la Borda, quien para comprarla se endeudó con un obispo de Guadalajara con 70 mil pesos, con un interés del 5% durante cuatro años. Aún con la promesa que le significó la reducción del diezmo y del mercurio redituándole utilidades  por 700 mil pesos a la Real Hacienda, no pudo evitar que, por la profundidad de las minas se redujera el contenido del mineral, llegando a producir con pérdidas y a acumular deudas hasta por 536 mil 812 pesos, sin considerar los 40 mil que le debía al Tribunal de Minería . Tan solo la hacienda de Valparaíso cargaba con una hipoteca de 29 mil pesos desde que era propiedad de Tomás de Aristoarena y Lanz en 1774.

El año de 1819, Marcelo José de Anza, murió sin poder pagar sus deudas, por ello  le fueron embargados todos sus bienes incluida la hacienda. José Francisco, uno de los cuatro hijos que tuvo con Manuela Primo de Rivera,  se encargó de la testamentaria. También hizo frente a los problemas con los diez y siete acreedores que tenían censos sobre la hacienda. Entre ellos destacan cinco instituciones religiosas de Guadalajara, un sacerdote, una reverenda Madre y diez particulares de los cuales se encuentran los Fagoaga (la marquesa del Apartado y su esposo Mariano y Francisco) quienes en conjunto sumaron 202, 370.40 pesos.

Para el año de 1828, tiempo en que se llevó a cabo el censo por parte del sacerdote José Manuel de Cruz, la población era de 5,771 habitantes, de los que el número de hombres era de 2,969 y el de mujeres sumaba 2,802.

La situación se mantuvo sin que se resolviera la situación de la hacienda con los acreedores. La solución parecía darse a partir del año de 1828 al haber pretendido, el gobernador Francisco García Salinas, comprarla y pagar las deudas para instaurar el ayuntamiento de la municipalidad puesto que uno de los requisitos para ello era el cambio de categoría de “hacienda” a “villa” o “ciudad”. Luego los conflictos contra el federalismo que encabezaba el gobernador suspendieron todo propósito.

Fue hasta el año de 1851, siendo gobernador del estado José González Echeverría, cuando se conformó una asociación de varios personajes de la vida social y económica de Valparaíso, cuyos propósitos eran comprar la hacienda y fraccionarla entre los vecinos. El gobernador fue el aval y, para 1856, se procedió al deslinde de las fracciones. Entre los que participaron en la asociación figuraban personajes como Remigio Zamora, Manuel María Miranda (dueño de San José de Llanetes), Juan José González, Nicolás Vargas, Rafael Felguérez y un sacerdote de nombre José Feliciano Valera.

Nuevamente los acontecimientos nacionales impidieron el procedimiento iniciado. Se vino la Guerra de Reforma de 1858-60 y, concluida, para el año siguiente se finiquitó el fraccionamiento de la hacienda en pequeños ranchos. Cabe aclarar que varios de los socios eran arrendatarios de la gran propiedad y las tierras que tradicionalmente había explotado se convirtieron en sus propiedades formando, la mayoría de ellos, ranchos familiares.

Así culminó la hacienda de Valparaíso, la cual una vez definida su superficie en 1715 alcanzó la cantidad de 120 sitios de ganado mayor, equivalente a 210,720 hectáreas. Sin embargo, de ella -y  tomando como base los ranchos erigidos a partir de 1856-63- se conformaron otras haciendas de menor tamaño que se consolidaron en el periodo porfirista.