Haciendas de San Antonio de Padua y San Juan Capistrano

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De éstas, la que contó con mayor auge y población fue la de San Antonio. Pero con cierta autonomía administrativa y económica fue la de San Juan. Mantuvo sus características económicas, como la producción de dulce de piloncillo y el ganado menor, especialmente el ganado caprino.

Ambas tuvieron el mismo origen. El año de 1732, por cédula real, le fueron mercedados a Fernando de la Campa y Cos 56 sitios de ganado mayor en el occidente del Estado de Zacatecas. Allí encontró varias cualidades y recursos. Fue propio para la explotación de caña de azúcar y de la cría de ganado menor. Por su parte,   la de San Antonio tuvo, desde el comienzo fuerte preponderancia agrícola.

Alrededor de las haciendas se erigieron varios ranchos. En cuanto a la de San Antonio destaca el de Acatita, San Diego, La Soledad, Santa Rosa, Las Ánimas y el Salto. Respecto a la segunda, los ranchos de Santa Teresa, San Rafael, El Vallecito, San Pedro de Alcántara.

Las dos haciendas quedaron incluidas en el mayorazgo de Fernando de la Campa y Cos el año de 1738. Sin embargo, por los años de 1750-58, cuando se dio el reparto de los bienes que quedaron por muerte del dueño, se dio un desequilibrio entre los herederos pues lo que estaba en disposición de reparto era el 66% de los bienes, pues el mayorazgo se fundaba con la tercera parte.
Al poco tiempo, y por razones aún desconocidas, llegaron a manos de los Martínez de Murguía, originarios y vecinos de Sombrerete y dueños de la hacienda de San José de Llanetes. Uno de sus dueños –Ignacio- fue participante en el movimiento de Independencia y llegó a radicar en Guadalajara en apoyo de esa causa. Allí se dieron grandes enfrentamientos entre los realistas defensores del régimen colonial contra los insurgentes adeptos de Hidalgo y Morelos.

Por el año de 1842, los Martínez de Murguía de deshicieron dela hacienda la vendieron a Benito del Hoyo y Landa, descendiente de Juan Francisco del Hoyo, antiguo apoderado de los bienes del condado de San Mateo hasta 1922. Y estando en su poder sucedieron varios acontecimientos político-sociales. Uno de ellos fue la entrada de indios apaches provenientes del norte, los cuales asesinaron a varias personas, entre ellas al mismo Benito del Hoyo.

Con la muerte del dueño de las haciendas, quedaron en poder de su hijo Juan Francisco, menor de edad. Éste fue azuzado –se dice que fue asustado y amedrentado por las fuerzas de Lozada- por las circunstancias de inseguridad y llegó a vender las tierras de las haciendas a Benigno Soto Robles y sus hermanos Francisco y Antonio. Desde 1960 hasta 1978 se desarrollaron diligencias judiciales para deshacer la venta desventajosa que realizaron los Soto Robles con Juan Francisco del Hoyo. El defensor de los Soto era Trinidad García de la Cadena y de  Del Hoyo Antonio Ruelas. El resultado fue que se logró reparar en parte el proceso y fue indemnizado el segundo pero las tierras siguieron siendo propiedad de los Soto quienes, ya habían formado una Asociación para explotar las tierras en forma mancomún.

En 1878 murió Antonio, Luego Francisco, y las tierras quedaron en poder de Benigno. Este, hacia el año de 1887, solicitó al poder ejecutivo dela nación, teniendo como base la ley sobre terrenos baldíos de 1883, que se le asignaran los terrenos baldíos que estaban hacia el poniente de la hacienda. La petición fue aprobada ese mismo año pero las medidas se realizaron en 1903 con la construcción de una cerca. Medida que fue denunciada como atentatoria de las tierras de los pueblos indígenas de Tenzompa, San Nicolás y Nostic, pertenecientes al estado de Jalisco.

Se dio un litigio que llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la que Manuel Soto -heredero de Benigno, quien realizaba la obra de construcción del cerca divisoria- se quejaba de que el presidente municipal de Huejuquilla había impedido los trabajos. El caso es que culminó en que la justicia federal –como se dice en el texto- resolvió que Soto estaba en su derecho y podía continuar delimitando su propiedad.

Años después, especialmente con la reforma agraria en ciernes se fueron dando las divisiones y particiones de las haciendas de San Antonio de Padua y la de San Juan Capistrano. Hasta el año 1932. Pertenecieron los descendientes de los Soto Valle.