La tarde de este jueves, se rindió un merecido homenaje a los policías municipales de Guadalupe, Eva del Rosario Espinoza González y Alejandro Beltrán Martínez, quienes perdieron la vida el pasado miércoles cuando hacían recorridos de rutina en la zona centro, y fueron víctimas de un ataque armado.

Un fuerte convoy de patrullas de policías municipales de Guadalupe, Zacatecas, Trancoso, Ojocaliente, Policía Estatal Preventiva (PEP), Seguridad Vial, así como el cuerpo de bomberos de Guadalupe y miembros del Ejercito Mexicano, hicieron el  cortejo fúnebre del bulevar a la comandancia de esta corporación.

Carlos Alberto de Ávila Barrios, secretario de gobierno municipal, Ismael Camberos Hernández Secretario de Seguridad Pública (SSP), los directores de las comandancias antes mencionadas, entre otras autoridades, estuvieron presentes en el acto donde sólo se presentaría el cuerpo de la oficial Eva del Rosario.

Un grupo de mujeres policías pusieron sobre el féretro la bandera de México, más tarde, se brindó un minuto de silencio por los oficiales caídos en el cumplimiento de su deber, y se llevó a cabo el último pase de lista.

Al sonido de los tambores de la banda de guerra de la corporación a la que pertenecían los oficiales fallecidos, se montaban las guardias de honor, antes de que sus familiares le dieran el último adiós, no sin antes escuchar el mensaje de despedida por parte del oficial Gilberto Murillo.

“Son como un faro que ilumina, como una brújula que orienta, en nuestros corazones vivirán compañeros tan amados como la familia, tan amados como los amigos, Dios bendiga la hora en la que se nos dio la suerte de conocerlos, Dios bendiga la hora en la que nos dio la oportunidad de trabajar hombro a hombro con ustedes”.

“Hermanos en armas, nuestros corazones se llenan de gran dolor y sufrimiento porque hemos perdido a dos de nuestros hermanos compañeros, con los cuales convivimos de los mejores tiempos, nuestro amado señor los ha llamado al cielo “, concluyó.

Finalmente, la bandera nacional fue entregada en manos del secretario de seguridad, a una de las hijas de Eva, para después trasladar el cuerpo al campo santo donde le darían su último adiós.

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