El hombre mosca

Estaba en su máximo apogeo la feria en Valparaíso, era un diez y seis de septiembre de 1954. En el transcurso de la semana había pasado a visitar las casas un extraño señor en compañía de su familia, anunciaba que iba a subir a la torre de la iglesia de nuestra señora purísima de Valparaíso.

Eran las once de la mañana . Después de un largo discurso que había dado el maestro Manuel Gurrola, los niños tuvieron que resignarse a estar en el jardín. El sol caía a plomo, el calor era insoportable. Los niños acudían a los desfiles; desde muy temprano los citaban en la escuela, había que llevar el uniforme, bien peinados y lavados de cara y manos, después de haber pasado por las calles principales presentando su tabla gimnástica; por fin llegaban al final del desfile patriótico, el acto conmemorativo se coronaba con la presencia de las altas autoridades municipales, en la parte alta se encontraban los grandes personajes del municipio y personalidades de la educación, el señor fotógrafo de apellido Venegas era quien micrófono en mano organizaba el festejo. los niños pasaban ese tiempo parados enfrente a la presidencia. Algunos niños llegaron a desmayarse al sentir que los rayos del sol se pegaban entre su piel, después de permanecer en una forma estoica, sin manifestar el tedio y aburrimiento en que se les mantenía por grandes momentos, la única oportunidad que había para mitigar la sed y el calor era comprarle una paleta a escondidas a don Matías García.

Abajo en el jardín se encontraba el tío Pancho García y su primo Pascualillo Ávila, Santiago Gutiérrez, había más gente, entre ellos un personaje desconocido en el pueblo, parte de su indumentaria era una cachucha de chófer y unos lentes oscuros, nadie se fijaba en él.

Terminado el acto magno, la gente no se movió, permaneció en sus lugares, alguien entre la multitud grito que el acto del hombre mosca iba a empezar en ese momento. La gente se concentro en el atrio y escalones de la iglesia.

Nuestro personaje era observado de pies a cabeza entre la concurrencia, la gente quería ver algo extraordinario en su fisionomía que demostrase las habilidades que él decía tener; por ahí se escuchó un cuchicheo en voz baja; este hombre no es capaz de hacer eso, si lo intenta de seguro es una muerte segura.

El personaje en cuestión se preparaba mentalmente y no decía nada, había un silencio, no se escuchaba ni el parpadear de una mosca, todos estaban a la espera.
Nuestro personaje se apretó el cinturón y le dió un ligero movimiento a su cachucha, luego se acomodo su cachucha y casi en una forma infantil puso su pie sobre la primera piedra, luego subió un poco más arriba, tomo un respiro y se mantuvo inactivo por unos segundos. Ya ven que les dije, este hombre nomás vino a vernos la cara, dijo el intruso que anteriormente había cuchichiado.
Nuestro personaje después de cabilar un poco continuo con su ascenso. Llegó a la parte alta de la fachada de la iglesia, se paró un momento para observar el paisaje del valle de Valparaíso. El incomodo asistente replicó: hasta aquí llego, no creo que suba la torre, primero se mata

Nuestro personaje empezó a escalar la torre, a medio tramo se zafó una piedra de la construcción, perdió el equilibrio y se empezó a zarandiar. La gente sintió que su garganta se secaba y perdía la respiración. Una mujer parte del público grito: virgen santa de Guadalupe, este hombre se va a matar.

Nuestro personaje tomo aire y empezó a reaccionar favorablemente, tenía que ganarse en ese momento el sobre nombre que lo había hecho famoso.

Continuo subiendo la torre, luego llegó a la parte alta, una bola de piedra corona la torre de la iglesia, ahí se sentó y luego se paró de cabeza. Los presentes que estaban en la parte baja empezaron a aplaudir y gritar vivas al hombre mosca.

Hecha la maniobra bajo muy tranquilamente a través de las escaleras de la torre. En la parte baja lo esperaban unos jóvenes que al verlo bajar lo subieron sobre sus hombros y lo pasearon alrededor del jardín.

En eso llegó el señor Vengegas y le pidió ponerse en pose para poder tomarle una fotografía, los jóvenes que lo habían paseado también quisieron tomarse la fotografía con nuestro hombre afortunado

Acto seguido el hombre mosca se quitó su cachucha y humildemente pidió una cooperación monetaria para alimentar su familia

Para hacer este escrito tuve que acudir a los recuerdos que mi tío Matías García nos platicaba; así mismo mi hermano José, mi primo Felipe, entre otros.

Zacatecas, Zac. A 10 de febrero de 2022
Ing. Mateo García Bazán

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